martes, abril 06, 2010

Symposion

La acción transcurre en un bar. Entre un grupo de amigos y conocidos, algunos entablan un debate sobre la valoración de una conducta x de una figura pública Z, ajena al grupo. Finalmente acaparan la palabra dos personajes, A y B. Su discrepancia es menor: aunque ambos opinan que x está éticamente mal, por un lado, A, severo, lacónico, sostiene que x es un atropello escandaloso, prolegómeno de una serie de actos semejantes o aun peores; por su parte, B, vueltero, verborrágico, sostiene que x no es tan grave y que no debe juzgarse a Z sólo por ello y que hay conductas mucho peores que A debería repudiar. Ninguno cede; la discusión se alarga demasiado y se malea con algunas expresiones desdeñosas. De pronto ya no se habla de x.

A.- Me parece un error buscar que los amigos de uno piensen como uno. Está bueno si pasa, pero si no, hay que aprender a consensuar. Muchos pueden tener opiniones distintas y cada uno considera la propia como la mejor.

B (algo desconcertado, apoyándose en la mesa).- Pero ¿vos qué entendés por "consensuar"? ¿Cuál es la propuesta? ¿Que, ante cualquier diferencia de opinión, cantemos que cada uno tiene su propia verdad y nos quedemos en un mísero acuerdo del desacuerdo, evitando el intercambio crítico de argumentos? Yo propongo lo contrario: creer que, cuando discrepamos, no habla cada uno de algo distinto (de sus percepciones totalmente particulares) sino los dos de lo mismo (del objeto común de nuestras percepciones), y no renunciar, cuando nos parece que el otro se equivoca, a la libertad de expresárselo, para intentar, por vía de la argumentación, resolver esa discrepancia llegando a afirmar algo en común. Por eso, y como creo que te equivocás, trato de persuadirte.

A (impávido y tajante).- Fallás desde el momento en que te proponés cambiar la forma de pensar del otro para adaptarla a la tuya.

B (parpadea, atónito por un momento; luego se escandaliza y recae en espontánea pedantería).- Qué carajo... ¿Y esa sentencia? ¡Ahí hay una trampa semántica! Estás aprovechando la ambigüedad de la palabra "pensar", que en un sentido amplio, puede aludir al conjunto de facultades mentales de una persona, pero en un sentido mucho más reducido (que es el que vale en este caso), refiere al acto de juzgar, de tener una opinión. En un enunciado que a primera vista podría parecer aceptable, habilitás el desplazamiento imperceptible de un significado al otro, y de esta manera, al simple objetivo de persuadir a alguien sobre alguna opinión lo hacés aparecer como una imposible colonización de la subjetividad, y a mi actitud, que también es bastante ordinaria, como una especie de psicopateo descomunal, desparramo de un egocentrismo cósmico. Con el uso del verbo "adaptar" completás la distorsión. (Hace una pausa y toma aire.) Y si no, a ver, decime vos: ¿qué quiere decir que "fallo" desde el instante mismo en que me propongo convencer a otro de alguna proposición?

A (con un gesto brusco).- Bueno, acá se termina nuestra conversación. No puede ser que yo te conteste breve y claro como el agua, y vos me saltes con un desglose semántico sobre cada puta palabra que usé.

B (con el rostro desencajado, se va calmando de a poco).- ¿Que es un error que alguien pretenda cambiar la forma de pensar de otros y adaptarla a la de él? No, con esa formulación no se entiende un choto, aunque es cierto que
la frase quizá suene atractiva, porque parece una respuesta contundente para descolocar a cualquiera que argumentase contra nuestras opiniones.
Si nos atenemos a esta situación, tal vez podríamos precisar el planteo de este modo: que es un error que alguien pretenda convencer de algo que cree a otros que no lo creen. Ahora bien, alguien que sostuviera eso sinceramente no podría abordar ninguna discusión ni hacer ningún tipo de cuestionamiento personal a los demás. Por eso considero que pronunciás tu frase sin creer en ella: porque es contradictoria con las objeciones que venís presentando, desde hace un rato y muy auténticamente, a mis pareceres y mi proceder. En fin, desmentís esa afirmación cada vez que enfrentás mi opinión o la de cualquiera. Y está muy bien que la desmientas, porque es falsa.

A (molesto).- Yo no discuto porque quiera que los demás piensen como yo (o pretenda convencer o como sea que me corregiste mi frase poco clarita), sino para tratar de adquirir yo algun tipo de punto de vista nuevo que se me esté escapando.

B.- Estás corrigiendo lo que afirmo de vos y esa corrección no te da acceso a ningún punto de vista nuevo. Creés que me equivoco en algo y querés señalármelo: no es una vergüenza admitir la intención. Digo más: es hipócrita negarla.
(Mientras tanto, A sale. B no parece enterarse.)

B (sigue, embalado).- Defender lo que se cree (y lo que se cree, se cree verdadero) y señalar lo que se considera erróneo es una actitud común en la vida cotidiana, y toda polémica involucra una pretensión de ese tipo. Por eso me parece muy coherente con tus propias ideas que decidas cerrar el culo, si estás tan convencido de que es un error que alguien pretenda persuadir a otros.
(Mira a su alrededor, satisfecho. Descubre que no sólo A sino todos los demás se han retirado. Queda inmóvil. Mira al público inexistente.)

Telón.

4 comentarios:

Maho dijo...

Jajaja! Cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia!

cuti dijo...

todo muy lindo, pero después de un tiempo B también se cansa. O por ahí intenta, pero muy de vez en cuando.

Nico dijo...

Seguro, Cuti. Sobre todo después de escenas como esta, que sugieren que algo hay de verdad en la sentencia de A, pues a éste sí parece un error pretender persuadirlo sobre cualquier cosa.

Diego Melendez dijo...

Muy bueno eh, pero me quedo con B